El Ritmo de Vida Actual y Su Repercusión en los Estudiantes
Por Kristel Espinoza
El Observatorio de Comunicación Miradas 609 ha sido un gran impulsor del pensamiento crítico en nuestra sociedad. No se trata solo de observar, sino de investigar y respaldar nuestras ideas con datos. Bajo este contexto, empecé a mirar a mi alrededor e identificar un tema que es un secreto a voces: la salud mental de los estudiantes, especialmente de los menores de edad. Mi objetivo es demostrar e identificar los factores del ritmo de vida actual que influyen en esta problemática.
En los últimos años, hemos visto un incremento en los problemas de salud mental entre los estudiantes de enseñanza básica y media en Chile. Según un informe de 2023 del Ministerio de Salud, cerca del 30% de los adolescentes presenta síntomas de ansiedad y depresión. Además, un estudio de la Universidad de Chile reveló que el 60% de los jóvenes siente que su salud mental ha empeorado desde el inicio de la pandemia de COVID-19. Sin embargo, esta situación no se ha abordado de manera integral en el contexto del mundo actual. Aunque Chile es un país latinoamericano conocido por su estilo de vida “ligero”, también es parte de una sociedad que se ha dejado llevar por la rapidez que caracteriza al mundo contemporáneo.
Existe una percepción errónea de que los chilenos somos “flojos”, muchas veces dejamos todo para última hora (lo que puedo confirmar personalmente). Aun así, esto no impide que impongamos a nuestros niños expectativas desmedidas: que si no sacan menos de un 6 no tendrán futuro, que si no les va bien en matemáticas no son inteligentes, que si les gusta el arte no servirán, que si no ingresan a la Universidad de Chile no son lo suficientemente buenos, entre otros mensajes dañinos.
Vivimos en una sociedad que busca ser algo que no somos. Si bien es positivo aspirar a ser mejores, es crucial establecer límites para evitar la toxicidad. Cuanto más peso se les impone a los estudiantes, menos motivación tienen para estudiar. Además, el entorno laboral de los padres puede generar presión adicional, ya que los niños observan cómo sus padres priorizan el trabajo sobre el tiempo en familia. Las redes sociales también juegan un papel importante: la hiperconectividad trae consigo tanto ventajas como desventajas. Por un lado, ha automatizado procesos; por otro, ha acelerado el ritmo de vida, lo que puede causar ansiedad. Conectan a las personas, pero también abren la puerta a malas intenciones hacia los niños. Además, la constante exposición a otras realidades lleva a comparaciones perjudiciales.
La llamada “generación de cristal” es el resultado de una combinación de factores: desde la presión que los adultos ejercen sobre los niños hasta los efectos adversos de la tecnología que debería ser un apoyo.
Es fundamental que tanto el sistema educativo como la sociedad en general no solo reconozcan esta situación, sino que también aborden la problemática. Necesitamos dejar de etiquetar a esta generación como “problemática” y empezar a explorar nuevos métodos de enseñanza y crianza.
Por ello, llevaré a cabo una investigación que respalde este argumento, con la intención de no solo ayudar a quienes enfrentan estas dificultades, sino también contribuir a la concientización sobre los factores que afectan nuestra sociedad y, así, avanzar hacia un futuro mejor.
